Una dashcam graba todo lo que pasa delante (y detrás, si lleva cámara trasera) mientras conduces: si hay un golpe, tienes la prueba.
Fíjate en la resolución (2K o 4K para leer matrículas), el GPS (guarda velocidad y posición), el WiFi para ver los vídeos en el móvil y el modo aparcamiento. Para que grabe con el coche apagado hace falta un kit de alimentación.